La cueva de San Pelayo, junto al monasterio de San Pedro de Arlanza, puede ser el lugar habitado desde más antiguo por el hombre, en la comarca del Arlanza. Es el paleolítico medio. El hombre utiliza herramientas de piedra toscamente talladas y habita en los umbrales de las cuevas y grutas, para protegerse del ambiente frío que supone la ultima glaciación. Su actividad principal es la caza y la recolección.

El frío comienza a desaparecer, y el hombre abandona las cuevas, y habita los abrigos rocosos. Es probable que en esta época habitase las cuevas de la Aceña, en Aceña de Lara, y otros muchos refugios naturales de los cañones calizos del Arlanza y sus afluentes.

Comienza la edad de los metales, con muchos poblamientos en toda la comarca. Baste recordar que el mismo monasterio de Santo Domingo de Silos se levanta sobre un asentamiento de esta época. Se construye el dolmen de Cubillejo de Lara o de Mazariegos, máximo exponente en la comarca de estos monumentos funerarios, aunque no es el único ejemplar. En lugares más apartados, podemos encontrar algún menhir. El hombre hace tiempo que cultiva y domestica a los animales.

Con la llegada de la edad del hierro, diversas circunstancias provocan que aumente la tensión entre los distintos pueblos, trasladando las gentes sus poblados a la cima de las montañas, amurallándolos. Es la época de los castros. Son muchísimos los que hay en la comarca del Arlanza, siendo Peñalara uno de los más atractivos para los no iniciados en el tema, pues aún conserva restos de sus murallas, del acceso a la acrópolis y unas escaleras talladas en la roca. En el cerro en el que se asienta Palenzuela, existió una gran ciudad de los Arévacos -Pallantia- de la que apenas queda nada. Hay muchos más, pero al no estar investigados, no los divulgaremos por temor a los expoliadores.

Llegan los romanos a la comarca, trayendo consigo lo que ellos llamaban el Yugo de Roma, o Paz romana. Es decir, el sometimiento de las gentes a su voluntad. Es en el año 72 antes de nuestra era, cuando Pallantia (la vieja Palenzuela) cae a manos de Pompeyo, que la incendia y destruye, obligando a bajar al llano a sus habitantes. Así sucede también con Peñalara, fundando Lara. Esto mismo sucede en todos los castros.

Trajano reconstruye el puente arévaco de Tordomar, y la comarca se llena de villas, puentes, fuentes y vías de comunicación romanas. En algún momento de la crisis final, algunos castros se vuelven a habitar y fortificar.

Cuando el imperio romano cae, los Visigodos aspiran a ser sus sucesores. Heredan toda la infraestructura y levantan ciudades e iglesias. Sólo nos queda en pie la maravillosa ermita de Quintanilla de las Viñas. Sabemos que la Colegiata de Covarrubias tuvo un origen Visigodo, y que la ermita de San Juan, en Barbadillo del Mercado tiene algunas piedras que delatan su origen.

Llegan los árabes en su discutible invasión. No es mucho lo que de ellos nos ha quedado, y a la vez, su sedimento es inmenso. Muchos topónimos, el artesonado del claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos, hecho por los prisioneros moros allí cautivos y su recuerdo, mezclado con las leyendas más antiguas. Nos queda el recuerdo del monasterio mozárabe de Valeránica, ya desaparecido, donde el virtuoso fraile Florencia hizo la maravillosa Biblia de San Isidoro de León.

La cristiandad comienza la reconquista. Las montañas que antes albergaban los castros celtibéricos ahora se llenan de castillos y torres de vigilancia. La fortaleza de San Carlos, en Contreras, el castillo de Lara, la torre de doña Urraca en Covarrubias... las comunicaciones son importantísimas, y se protegen los pasos estratégicos: Ura, Castrovido, Lerma, Tordomar, Palenzuela... Nos quedan las necrópolis de Revenga, los eremitorios de Salas y de Silos...

Aparece la figura de Fernán González, primer conde independiente de Castilla, que consigue unificar bajo su mando todos los pequeños condados que después se llamarían Castilla. Desde Lara, combate al sarraceno en la línea del Duero, y ofrece fueros y ventajas a los montañeses que se establezcan en estas tierras. Llegan los tramontanos desde el Valle de Mazcuerras, en Cantabria. Los monasterios florecen por doquier. San Pedro de Arlanza, San Esteban de Silos... grandes centros culturales de cuyos scriptorium salieron los mejores códices de la época. Covarrubias es el mejor ejemplo de villa medieval que tenemos.

Estamos trabajando en esta sección. Nos queda mucho por contar: La Mesta, el esplendor de Lerma en el Barroco, los siglos XVIII y XIX, el olvido...